viernes, 10 de julio de 2020

Cuidar el lenguaje equivale a cuidar, en parte, del espíritu. Cuidar el silencio, también; se trata, en efecto, de complementos.
Los misterios de esta conexión entre trazo y vacío los explora la gramática. – No obstante, el nombre aparentemente frío. Pero es que en esto mismo, en el rasgo aparente, tenemos una prueba: la disciplina ha de distanciarse de su objeto, sobre todo siendo este tan comprometedor. – Qué revelaría...
Pautas del afán humano. Es lo que hay...
Y asomamos, recién, al punto en que sintaxis y semántica, por decirlo de algún modo, jugando con la paradoja relativa a las abstracciones, se tocan...


Palabras. –
Nexos vibrantes entre imágenes. Fijos, endurecidos, como alambres cargados de sentido, pero solo una vez se los lee con interés y, paradójicamente, se los entiende. Fijos, a diferencia de las notas musicales, de los acordes. Presencia de conciencia, en el propio espacio.
– Mi lado de la ecuación – dice el eco. Y 
el otro lado es tuyo...


La idea: ingresar a una galería dedicada exclusivamente a tu obra; las muestras, según orden cronológico, en sendas salas. ¿Los visitantes? Solo uno a la vez. Cada cual en soledad, enfrentado a los cuerpos, ¿o por lo cuerpos? Y es aquí que empiezan las preguntas...
La memoria despierta, se activa. De los cuerpos a los cuerpos.
Y los cuerpos no callan  Saben lo que saben, y no saben callar. Su lenguaje es el dolor, que se anticipa a toda articulación. Pues efectivamente, un grito brota antes que toda idea, máxime si es esta una abstracción... – Lástima por Descartes...


1997.
La escritura genera satisfacción. Esta es graduable...
1 9 9 7 y el punto...
– cada línea, cada forma.
1  9  9  9  9  9  9  7
–  .
Porque la reflexión en la galería arranca luego del noventa y cuatro – donde hubo que preguntarse, antes de pasar aquí: ¿De dónde vengo?
– Y la boca de la memoria se abre de nuevo, más amplia, tanto que devora su propio voz eco – y luego va en pos de su eco. – Es así que la voz retrocede, hasta la memoria del cuerpo, antes de la primera sílaba, donde a lo mejor el propio pulso marcaba el ir y volver de uno a otro hemisferio – la primera gramática.
Somos uno, somos dos. Dos tiempos. Y dos trazos sobre el vacío  que dice lo propio, siempre, burlándose del viejo afán por quedarse uno con la última palabra.


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